Un médico de Marianao.

"Casi todos los médicos tienen su enfermedad favorita", escribió alguna vez Benjamin Franklin. Esta es mi enfermedad: escribir. De Marianao al Canadá, curando gente, opinando del calor, la nieve, las ciudades y enfermando de ideas personales.

sábado, enero 23, 2010

MI VIEJO


Su muerte era esperada. Nadie sabía cuándo pero el sabio doctor lo había previsto, nunca en el invierno me dijo, pero dale todos los gustos, su corazón está muy débil. El veintitrés de enero del noventa y cinco ocurrió, de esta forma adelantándose un poco al vaticinio del galeno. Todo comenzó, temprano en la mañana, con los gritos de alarma de mi madre. De nuevo el dolor y la molestia en el pecho. Recuerdo sus ojos con la expresión más tierna del mundo de alguien que sabe lo que comienza. Enseguida llamamos a Yosvani quien con mucha diligencia puso a nuestra disposición el pequeño Fiat polaco ya maltratado por años de uso. En veinte minutos llegamos al cardiovascular, tras el chequeo de rigor el cardiólogo decidió ingresarlo en la unidad de cuidados coronarios. Una vez allí le pregunte como se sentía, me dijo el dolor ya se le había aliviado con la morfina y me aconsejó marcharme y continuar con mis planes del día. Su rostro lucia calmado y su estado general parecía confortable. Entonces pensé que todo iba a ser como en los últimos ingresos de sus infartos anteriores, es decir unos días en el hospital, algunos chequeos y de vuelta a la casa.
En aquellos tiempos estaba enfrascado en el proceso de recolección de datos para la tesis de la especialidad. Mi plan del día era revisar cientos de historias clínicas en el archivo del Hospital Pediátrico de Centro Habana y seleccionar lo aplicable para mi estudio. Mi letargo investigativo no duro por mucho tiempo. De la nada, a mi espalda surgió la cara sombría del siempre bonachón Yosvani quien con voz tenue me dijo - Robe te he buscado por toda la Habana, el viejo… recuerdo no tuvo que terminar la frase.
La sensación de la muerte de un ser querido es algo diferente. Nunca imaginas que eso pueda ocurrirte, sencillamente no hay espacio para la certeza de perder a tus padres. Yosvani me devolvió al hospital, allí encontré a mi madre ahogada en sollozos, después de cuarenta y dos años de vida en común no se hallaba con la realidad de ser viuda. El médico a cargo del caso de mi padre me dio el pésame mitad con el tecnicismo propio de la profesión y también con el toque de solidaridad de alguien que hizo lo posible pero no pudo salvar al paciente. Nunca había pensado en lo frío y lo lacónico que a veces somos los médicos.
Nuestro vecino Andresito llego unos minutos después. Me instruyó en los pasos a seguir en cuanto a las gestiones propias de la notificación de la defunción y nos ofreció su Chevrolet del cincuenta y siete para llevar a cabo lo necesario. Hasta aquel momento la fuerza de la noticia no me había permitido reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo.
Al llegar a mi casa, me dirigí a la habitación de mi padre. Allí sobre la cama estaba su pijama de rayas azules longitudinales, dispuesto al descuido por alguien que se los ha quitado con apuro. A la derecha de la cama, sobre la mesita de noche, su viejo radio blanco de bombillos, el cenicero estéril ya nunca más usado y su pequeña colección de libros favoritos. Sin muchas razones empecé a hurgar en los bolsillos de uno de sus pantalones y encontré un pequeño manojo de canicas rojas que mi padre usaba como resguardo. Los sollozos me abatieron de forma inesperada. Yo, un hombre de 29 años endurecido por la educación comunista y el machismo hispánico, climatizado a los calores del trópico, no me concebía en aquella situación. Sin embargo mi llanto se convirtió en algo simbólico, en esos instantes me disculpaba con mi viejo por todas las necedades que le dije e hice en mi años de adolescente rebelde, en aquel instante le dije todo lo que nunca le dije en vida.
Nunca creí que el llanto produjera tanto consuelo. Después de mi catarsis lagrimar organizamos el funeral según las tradiciones criollas, veinticuatro horas de velada y entierro al día siguiente. Hoy hace quince años de su deceso. Es increíble que cuando mas pasa el tiempo más recuerdas lo que has querido. Mi padre debe andar por algún lugar designado para los buenos. Mientras, en este mundo turbulento y contradictorio yo le recuerdo con un brindis imaginario de la cerveza que más le gustaba y me gasto el placer de contaminar la atmósfera tras las bocanadas de humo de uno de los mejores puros del mundo.
Saludos mi viejo, nos vemos pronto.

11 comentarios:

cubangerman dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mediterráneo dijo...

Doctor:
Me ha desatado muchas sensaciones con su texto, es hermoso que por mucho que pase el tiempo siga teniéndole presente y aunque hoy se le caiga alguna lágrima, esta vaya acompañada de una sonrisa dirigida al cielo.

Me sumo a ese brindis.

Abrazos desde España.

Robe dijo...

Gracias hermano. El brindis que ocurra muy pronto. Hasta entonces un abrazo.

Mediterraneo: Gracias por su visita nuevamente. Me gusta mucho su aldea y la viistare a diario. Le acepto su brindis.
Salud
Robe

cubangerman dijo...

Hermano,hoy cuando hablamos por teléfono te comentaba que la imagen que tenia de pipo era otra, yo no lo vi sufrir ni agonizar,el me viene siempre a la mente jovial,dicharachero o preparando algún traguito de esos que solo el sabia y sabían a gloria,también te dije que algo me faltaba,ahora al leerte me doy cuanta lo que era,me ha parecido estar allí contigo, donde debía haber estado,la realidad fue otra, yo en Europa e indocumentado no pude despedirme de el y quizás por eso se me aparece tanto en los sueños.no puedo casi contener los deseos de llorar pero solo quiero darte las gracias por haber luchado con el hasta el último momento y por haber contado esas cosas.muy pronto brindaremos juntos por el y recuerda, pase lo que pase siempre seras mi hermanito del alma,mi pequeñín

Rodrigo Kuang dijo...

Recuerdo a Pepito mirando a Marianao desde el balcón azul, o caminando por la cuadra con el periódico enrollado en la mano, y con un buen carácter que quizás sólo alcanzaba a mellarse con algún apagón en pleno juego de los Industriales, circunstancia que acaso le pegaría más de lo debido a un corazón maltratado ya bastante por un contexto de por sí maltratador de corazones.
El 95 fue un año en el que muchos parientes se lastimaron más allá de lo razonable, un año con velorios en medio de calles sin electricidad.
Al menos en la serie nacional 95-96 ganaron los Industriales. Estoy seguro que Pepito lo disfrutó, sin apagones, desde algún lugar apacible.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Y a mí, literalmente, me has hecho saltar las lágrimas. Un texto precioso, una historia preciosa y bien contada, un corazón.
Me han gustado muchos puntos del texto, muchos. Matices, detalles y sensaciones... como el arcoiris me has transportado por toda la gama de sentimientos posibles. Gracias.
Y esto, igual que llorar, escribirlo... también desahoga, que no?

Gracias por tu felicitación, doctor... es bueno saberte por el mundo.
LADY JONES

domingo dijo...

Hacer publicos tus escritos implique el deseo de compartirlos con lectores, de lo contrario los acumularias en armarios, y supongo de que la opinion de los mismos no te sea indiferente. Quiza sientas satisfaccion si eres admirado y molestia si eres criticado.
Cuba esta muy presente en tus escritos, y aunque a mi de cubano me queda muy poco, he llegado a sensibilizarme con alguno de ellos. Pero independientemente de una Patria en comun, los de otras partes tambien podrian percibir el sentimiento que tu escritura acarrea. Lo bello le llega a cualquiera.

Domingo

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

No hay forma de aceptar la muerte, aunque sabemos que siempre nos acecha. No se necesita ningún requisito especial para que ella te elija, nada más estar vivo. Tu padre no ha muerto porque sigue vivo en tu recuerdo, para mí la muerte sólo ocurre cuando ya todos los que están vivos que te quisieron, te olvidaron. Un abrazo.

Belén Manrique Castaño dijo...

Hola pase por acá por casualidad,me encanto tu blog en especial esta entrada que nos demuestra una vez mas que con la muerte no sabemos el dia ni la hora pero es lo único seguro que tenemos.
Tambien me doy cuenta que EL te sigue acompañando con su recuerdo y cada dia te va a parecer que sucedió hace pocoy lo vas a sentir más cerca.Dios te bendiga.Te seguiré visitando

Robe dijo...

Gracias Belen , Domingo y Lisset.Aprecio el que me hayan visitado y poder compartir con ustedes este espacio.Nos seguimos leyendo.

Anónimo dijo...

Hi, debes saber quien soy, la persona que en el 1998 te tomo la presion en el avion y la tenias ahi : por las nubes. Muy emocionada de ver donde te refujias, te escapaz, muy bueno, mas que la proza, los poemas, no me sorprende porque siempre te note muy profundo. No hay nada malo con recordar, mencionar a nuestros seres queridos ya fallecidos, ellos estan aqui, en cada momento de nuestras vidas. Mucho exito en todo , para ti y las "tres niñas".Se les quiere. De seguro que te seguire y al angel que se embulle y escriba algo tambien