
Después de años lidiando con el árido ejercicio de la medicina en los bordes de la selva sudafricana, mudarse a las nieves de El Labrador parece ser un espacio de nuevas miradas y nuevos despertares de la conciencia.
La vida se vuelve a consagrar como un eterno retorno, y resurgen los reclamos líricos, la sed de tener opinión propia. Eso parece ser la blogósfera cubana, un universo donde siempre cabe alguien más para opinar, fabular, poetizar y publicar para quien guste pasar los ojos por sobre los renglones ajenos.
La democracia de internet nos deja participar de los brotes de genialidad tanto como de las opiniones idiotas. Hablar, acertar o equivocarse es un gusto para quien se inicia desde cero en la tarea de comunicar sentidos. Mucho más duro que un diagnóstico en el consultorio, mucho más arduo que una operación, que un parto difícil, mucho más enrevesado que un tratamiento coherente, las letras llegan como escapadas de un sanatorio: vehementes, depresivas, optimistas, suicidas, valientes, equivocadas, brillantes, malditas... todo a un mismo tiempo.
Siempre hay un primer paso para dar.